Por Juan Carlos Rodríguez
El multidifundido bochorno que protagonizó la actriz y vedette Florencia Peña (ahora devenida en conductora por esos caprichos del streaming) despertó miles de comentarios, en todos los sectores, entre los cuales uno puede seleccionar algunos, al simple efecto de compartir reflexiones que pueden o no ser compartidas.
No suele ser hábito de Panorama hacerse eco de temas que se originan fuera de estas comarcas, pero el hecho de que se origina en un medio tan opinable como es el de los medios de comunicación, y despierta tantas opiniones en ciudadanos de todas las latitudes, a lo que se suma que no estamos exentos de que algún día puedan producirse episodios similares en nuestra ciudad, hizo que quisiéramos también dar a conocer una opinión: claramente el tema fue atravesado inmediatamente por la política, sobre todo para los que recuerdan a la misma Peña advirtiendo a los periodistas profesionales que no se hagan eco de fake news, sin remotamente imaginar que ella misma atravesaría poco tiempo después la misma instancia. La misma Peña que elogió a Néstor, a Cristina, que prolongó un confuso episodio cuasi amoroso en la Casa Rosada con el expresidente Alberto Fernández, y que un par de días antes había elogiado a Mbappé por su postura ideológica, se vio víctima de esto que si no fuera por la ineficiencia de algunas productoras, bien podría tildarse de emboscada para que la señora pierda el cargo. Más allá de que la difundida postura de la misma dio origen a un desmesurado tweet del presidente Milei, quien a falta de otras cosas para hacer se dedicó a fustigar a la misma Peña tildándola de “chimentera de poca monta”, extendiendo luego, como no podía ser de otra manera, sus críticas al periodismo en general, blanco constante del presidente, afirmando de ellos que “siempre pueden decir una aberración peor”.
Obviamente la grieta se trasladó a los medios y a las redes, y seguramente durará varios días, hasta que otra barrabasada la saque del debate público.
Hubo en medio de tanta catarsis, espacio para algunas opiniones correctas, aunque no se debería perder el foco en cuestiones puntuales: Marshall McLuhan, sociólogo y filósofo canadiense, había acuñado en la década del 1960 la famosa frase “el medio es el mensaje”, cuya idea central es que la forma en que se transmite una información influye más en la sociedad y en las personas que el contenido mismo de esa información, ya que no es lo mismo leer una noticia en un libro que verla en televisión o recibirla en una red social. El contenido puede ser parecido pero cada medio moldea nuestra atención, nuestra manera de pensar y nuestra relación con los demás de forma diferente. El streaming claramente ha transformado la cultura, los hábitos y hasta la percepción de la realidad, y ha logrado que por obra y gracia de su aparición muchas personas que carecen de formación periodística, que ignoran lo que significa chequear aunque saben qué significa fake news, hoy puedan sentarse a conducir programas en horarios centrales. Y se producen estos episodios. También, se vio cómo una noticia falsa puede derivar en muchas otras, como por ejemplo la divulgación de que LUZU había perdido diez avisadores de fuste, noticia desmentida luego por su responsable, Nico Occhiato, de quien se pueden sostener varias opiniones negativas pero se le puedo elogiar la velocidad con la que eyectó a Florencia Peña de su silla.
En el medio de tanto caos, la versión de que la que primero habló de la muerte del padre de Messi, fue Evangelina Aranda, ignota ñoqui en la Legislatura porteña, que trabaja también en La Derecha Diario, medio oficialista; excolumnista de Alejandro Fantino en Neura y también integrante de un programa de Sergio “Tronco” Figliuolo, streamer que es diputado nacional por LLA. La bailarina dijo muy suelta de cuerpo, a las 12 del jueves, que esa tarde anunciarían la muerte de Jorge Messi. Un cúmulo de inexpertas más algún que otro deseo subliminal de que la cosa ocurra, derivó en la noticia que dio a conocer Peña una hora más tarde y hoy está referenciada en varios medios del mundo, porque se trataba nada más y nada menos que del padre del mejor jugador del planeta.
Desde luego que el desaguisado daría lugar a muchas opiniones más, pero me parece pertinente finalizar con unos dichos de Diego Sehinkman, quien afirmó humorísticamente que “no odiamos lo suficiente a los no periodistas”, pero señaló, coherente con su profesión de base, que cuando Dios inventó a los seres humanos, les colocó el lóbulo frontal, que son las pastillas de freno, que ponen un compás de espera al impulso adictivo que produce tener una noticia que te quema en las manos, recordando que cuando se comunica hay que usar la responsabilidad social, porque uno puede informar pero puede también lastimar. Es apropiado pensar entonces, en la cantidad de veces que se debería usar en la vida, ese preciado lóbulo frontal.












