por Leandro Tuntisi

Los niños del Brasil

 

Comíamos con un amigo de la vieja guardia, una singular noche de noviembre, con la luna llena alta en el cielo plomizo.

  -Hoy vi en las noticias que era el aniversario de la Masacre de Guyana, le dije –nosotros éramos unos adolescentes rebeldes cuando ocurrió aquello en la selva.

  Apuró el trago de vino, un oscuro cabernet franc.

  -Creo que eso nos animó a desconfiar tempranamente de cualquier clase de líder, me dijo.

  El reverendo Jones había muerto al parecer de un balazo que le propinó un guardia de seguridad, al intentar escapar con sus millones de dólares incautados a los incautos que yacían a sus pies, luego de animarlos con un megáfono a beber el ponche letal, hacia Port Kaituma, con destino final la Unión Soviética.

 

Comimos y bebimos en silencio –la luna rodaba alta en el cielo oscuro. No sé cómo surgió el tema –por aquel tiempo había sido descubierto el cadáver de Mengele, el ángel de la muerte de Auschwitz –alguien de nosotros dijo, no recuerdo quién, en una playa de Brasil, de muerte natural.

  En fin, ambos recordábamos la película que habíamos visto en su estreno el año 1979 –el mismo año de la muerte de Mengele- en el Centro Cultural Municipal, el ex-Ópera, recientemente reinaugurado después de casi una década, rescatado de las ruinas.

  Habíamos ido acompañados por mi madre. La película de Franklin J. Schaffner, basada en el libro de Ira Levin, nos impactó. Un cazador de nazis judío, interpretado por Laurence Olivier (ganador del Óscar al mejor actor por su actuación en el filme) se entera de unas reuniones de nazis en Sudamérica. Archisabida es la historia de la Ruta de las Ratas, el escape nazi hacia Sudamérica tras la estrepitosa caída del 3er. Reich, principalmente a la Argentina, con pasaportes vendidos a precio de oro. Mengele era uno de ellos. La novela de Ira Levin abordaba un tema inquietante, del que en esos tiempos recién comenzaba a tenerse noticias: la clonación.

  Mengele había sido un obsesionado por los gemelos. Experimentos truculentos daban data de todo aquello.

  Toda la trama tenía algo siniestramente inquietante.

  En distintos lugares del mundo morían hombres a determinada edad, padres de niños de la misma edad, de pelo negro y ojos azules… 

  El hombre de rostro adusto, vestido impecablemente de blanco, el siniestro médico nazi (Gregory Peck) era finalmente encontrado por el cazador… pero ya la maldad había sido consumada...

 

Apuramos otro trago oscuro bajo la noche oscura. La luna se había escondido tras densos nubarrones.

 

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