Panorama

 

 


 

Por
Leandro Tuntisi

 

El acomodador


Ya lo había dicho Saconi, el acomodador, en su célebre sentencia: “Che, no se rían, que es de terror”, al ver cómo nos desternillábamos de risa en una de las escenas cumbre de Los monstruos del abismo, un filme clase B de aquellos. Humanoides con la libido por las nubes salían del mar y atacaban a las mujeres de un poblado.
En fin, era el año 1980 y nosotros, la incipiente banda de “los chicos malos de Transparencia” –nuestra revista de resistance- acudíamos entusiastamente a aquellas salas en busca de emociones.
Era como bucear en la oscuridad de los sueños.
Éramos “adeptos”, como diría don Ricardo Marenghini “a la función cinematográfica” (*), de la cual él era, sin duda, uno de sus máximos exponentes. Y Saconi, uno de esos personajes que parecían ser parte insustituible de esas salas, en este caso, del flamante reinaugurado Ópera, ahora llamado Centro Cultural Municipal (yo había asistido a la reinauguración el año 79, con el estreno de El francotirador, la historia de un veterano de Vietnam, con Robert De Niro); Saconi había sido acomodador también del Verdi –donde veríamos por esos años aquel clásico del cine de ciencia ficción, Blade Runner, de Ridley Scott.
La linterna de Saconi buceaba en la oscuridad de aquella gran caja de sueños.
Yo era Jonás en el vientre de la ballena. Sería vomitado a las calles de una ciudad extraña; yo mismo era un extraño, que había soñado y despertaba.

 

(*) O, como diría Lo Duca en su Historia del Cine, al subrayar muy especialmente el papel del espectador al intervenir activamente como receptor sensible: responsable, creador.